Ofrenda floral a Salvador Allende y Acto Cultural en la Semana Aniversario de la ELAM

Diría que el aniversario de la muerte de Salvador Allende es como un plato agridulce; por un lado, es el recordatorio de la valentía y la muerte que siempre la circunda. Por el otro, es graficar un momento especial, en el cual el ave fénix deja sus plumas anteriores en fuego y de él, renace. La Escuela Latinoamericana de Medicina Dr. Salvador Allende celebra a Salvador Allende entre alegría, esperanza, dolor, amistad, añoranza. Todo mezclado, entre todos. Hombro a hombro, nos damos fuerza basados en el ejemplo. Así se sintió en el día 3 de la Semana Aniversario de la ELAM.

Siempre las ofrendas florales me parecen cargadas de tristezas. La metáfora de la flor, símbolo de la belleza y la vida frente a una escultura tiene algo de trágico. Sin embargo, nada puede ser sombrío frente a la mirada de decenas de jóvenes y los discursos encendidos. La situación es la siguiente: Cómo narrar , expresar la impotencia de haber vivido el derrocamiento sostenido y el bombardeo (que es asesinato, digámoslo por la calle del medio) de Salvador Allende por Nixon, monarca del Imperio Norteamericano en boca de personas que forman parte de la comunidad elamista, frente a jóvenes con memoria corta e invisibilizada por la máquina mediática controlada por ese mismo Imperio?.  Cómo no llorar, temblar de rabia cuando saben que el mismo formato (acaparamiento, estrangulación de productos, sabotaje, ataques mediáticos, inflación) se repite, casi al detalle en estas tierras?. Cómo hacer que la garganta floree, se tense y grite las alertas? Cómo pedirles que despierten sin sentir dolor porque la historia implacable, quiere repetirse?. Quizás la angustia tenga cabida en otros contextos. En éste, en esta Escuela, la angustia es motor de lucha y estimulante para amanecer cada día. La contraparte, esa dialéctica injerencista en cada acto de esta Institución la presenciamos en la noche. Un rush de sangre nueva, nativa, aborigen hizo temblar las conciencias. Piaroas, Yekuanas, Yanomamis, Jivis, palestinos, ecuatorianos, bolivianos, africanos. Futuros médicos preocupados por rescatar su cultura, mantener viva sus tradiciones. Hay que verlo, para cerrar los ojos e imaginar siglos de organización, de interpretación del mundo, de afectos y relación con la naturaleza. De dioses olvidados, lenguas extintas, palabras que designaban una y mil cosas encerradas en un auditorio a reventar. Médicos, para el barrio y la comunidad. Personas ante todo, humanos, solidarios, combatientes. En todo el planeta tierra Chávez eterno, Allende eterno.

Si Salvador estuviera vivo, estaría aquí. Parto de esta premisa imaginaria, porque la verdad es que no ha muerto. Estos jóvenes ven a través de sus lentes, y todos usan casco de acero.

Orlando Romero Harrington.

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