Los jóvenes indígenas de la ELAM, en el Cuartel de la Montaña.

Resulta interesante saber que la mayoría de los jóvenes indígenas que ingresaron al Curso Premédico de Medicina Integral Comunitaria en la ELAM jamás habían visitado Caracas; incluso, hay un porcentaje significativo que no había visitado centro urbano alguno. Pero todos, sin excepción, conocen a Chávez. Un conocimiento profundo, sentido, amoroso, respetuoso. En honor a ese sentimiento, quisimos brindarles la oportunidad de conocer la última morada del Comandante Eterno. Allá, en el 23 de Enero, nuestros pueblos ancestrales fueron representados por sus hijos, estandartes de esta Revolución que empezó con Hugo Chávez.

Y yo, que tuve la oportunidad de participar en ese proceso, de ir a sus casas, a sus aldeas. De conocer su vida íntima, sus sueños, sus familias, estaba lleno de sentimientos encontrados. Felicidad, tristeza, añoranza, orgullo, pasión. Y otros más que se mimetizan con las lágrimas y las risas de estos chamos. Desde algún lugar, puesto que me cuesta creer que el espíritu de Chávez nos haya abandonado, el arañero sonreía, estoy seguro.

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